CONCENTRACIÓN MINIMA INHIBITORIA (CMI)

Los laboratorios de microbiología clínica pueden escoger diferentes métodos manuales y/o semiautomatizados para realizar una prueba rutinaria de sensibilidad antibacteriana

. Esto incluye el antibiograma de disco de difusión de Kirby Bauer, el cual marcó la pauta durante muchos años de los estudios antimicrobianos;

la dilución agar; la microdilución en caldo; los gradientes de antibióticos; y por último, los métodos automatizados de instrumentos los que proveen una incubación nocturna, o una incubación más corta.

El Laboratorio de Referencia viene realizando Concentración Mínima Inhibitoria (CMI) utilizando un método semiautomatizado desde hace ya algunos años, conscientes de la importancia que tiene ofrecer a los médicos la posibilidad de usar una amplia batería de antibióticos y sus concentraciones mínimas adecuadas para el tratamiento de las patologías clínicas en los distintos sitios del organismo.

La CMI es la concentración mínima de un antibiótico expresada en ?g/mL que inhibirá el crecimiento de un microorganismo in vitro. Los agentes antimicrobianos diluidos conjuntamente con una cantidad estandarizada del organismo puro aislado, se incuban de 18 - 24 horas y se dejan en observación hasta que se desarrolle el crecimiento de las bacterias. La cantidad mínima de antimicrobiano necesaria para inhibir el crecimiento nos da la CMI.

Uno de los cambios más significativos que han ocurrido en las pruebas de sensibilidad antimicrobiana en las últimas décadas ha sido el desarrollo de un método automatizado de incubación corta capaz de proveer resultados de sensibilidad en 3.5 horas.

El Laboratorio de Referencia tiene el placer de ofrecer el sistema VITEK? con el cual acortaremos el tiempo de reporte de sensibilidad antimicrobiana.

Como regla general de la terapia de antibióticos, la concentración del medicamento in vivo debe ser 2 - 4 veces la concentración in vitro. Hay otros factores muy importantes que deben tenerse en cuenta para la elección de un antibiótico: la edad; el peso; el estado general del paciente, como embarazo, anormalidades genéticas o metabólicas, la función hepática o renal; el lugar de la infección; el modo de acción del antibiótico; su potencial tóxico y su interacción con otros medicamentos.

El éxito de la terapia descansa en las manos expertas del médico y del personal capacitado del laboratorio de microbiología clínica para poder elegir el agente apropiado, determinar la dosis más efectiva y la ruta de administración de la droga, todo esto ayudado por los avances de la tecnología.

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